La muerte es un arte. By Víctor Rodrígues Da Cruz.

el

Verano de 2054.

– No sé el tiempo que llevo vivo, llevo aquí desde que el mundo es mundo, ya no me interesan sus misterios, pues mi vida hace unos siglos que ha dejado de llamarse así desde que murió mi última persona querida.

Pero… últimamente me he descuidado. Me enteré que hay gente siguiéndome el rastro. Sé bien qué desean e incluso no me importa, siempre traté de ser discreto, vivir sin lujos, solo lo necesario. En este mundo la inmortalidad es algo demasiado deseado… y no os culpo… nace de desear lo que no se posee.

Pero solo yo entiendo mi maldición y por eso dejo esta carta. No puedo dejar que se extienda como un virus… se lo prometí a ella… mi querida Rachel.

Nunca vi una flor más delicada, en su mirada solo podía contemplar la verdad. Recuerdo cuando la conectaba en mí, esa profunda tristeza al ver lo que era saber que vagaría sin cesar. A veces incluso podía adentrarme en su corazón y ver la pena que sentía de saber que vagaría por la eternidad sin cesar. Solo pretendo dejar su huella en esta carta.

Tengo pagada una nave para mañana…

Mañana partiré rumbo a los confines del espacio. Podré sentir en las entrañas el frío gélido, tal vez me acostumbre, tal vez sea una agonía de por vida… Vida…

Brindo por la vida…

Atentamente,

El Inmortal.

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