Tigre (Parte 11) by Jorge Daza

Fuente: https://pin.it/1UdyTHK

—Tienes que buscarle el interior —dice Eva mojando una esponja en el agua fresca de un cubo cercano. —Si te mantienes a distancia te destrozará.

Tigre rechaza la esponja con agua para limpiarle el sudor del cuerpo.

—Chico, si tu estrategia es cansarle, me da la sensación de que no está funcionando —dice Simón.

— ¿Cómo habéis visto su ojo derecho? —pregunta el boxeador.

—Al principio parecía que no tenía ningún problema, pero tras un par de golpes se ha vuelto un poco más lento, a la hora de reaccionar a tus movimientos por ese lado —dice Simón.

— ¿Te has podido fijar en ese detalle? —se sorprende Eva.

—Claro que sí, chiquilla. Soy ojeador. Mi trabajo consiste en fijarme en los detalles.

—Entonces céntrate en su punto débil, Tigre. Reviéntale la cara con tu izquierda.

El árbitro da por finalizado el descanso e insta a los luchadores a juntarse en el centro del cuadrilátero. De nuevo chocan los puños y comienza el segundo asalto. Ambos luchadores se tantean dando unos círculos en el sentido de las agujas del reloj, mas no intercambian ningún golpe.

— ¿Estás preparado para tu final, gatito?

Acto seguido a la provocación, el Oso lanza un jab, sin atino y rápidamente un demoledor directo de derecha. Tigre vuelve a colarse en el interior y asesta un duro golpe al costado derecho del Oso. Este se echa atrás un par de pasos y temiendo que Tigre se lance contra él, vuelve a cargar con un croché y dos jabs más. Su rival se echa hacia atrás y comienza a moverse hacia su izquierda buscando un punto débil en la defensa clásica del Oso. Al no encontrarla decide tentar con un par de golpes fuertes que son bloqueados con facilidad. El Oso contraataca con un croché de izquierda que impacta en el guante de Tigre. Este vuelve a atacar con rápidos golpes, todos dirigidos a la cara. El Oso solo tiene que cubrirse con una defensa peekaboo. No encaja ninguno. Intenta contrarrestar la tormenta de golpes con un ataque rápido de derecha, pero Tigre está esperando justo ese movimiento. Con un rápido paso a su izquierda se cuela por debajo del brazo de su rival y le asesta un duro croché de izquierda en el pómulo derecho. El golpe hace retroceder al Oso contra las cuerdas, pero no se agarra a ellas. Por lo que Tigre vuelve a arremeter con un directo y otro croché de izquierda. Ninguno de los dos logra conectar. El Oso se abalanza sobre su rival con una serie de golpes rápidos y sin control. Está rabioso. Todos los puñetazos chocan contra la defensa, pero el Oso confía en su fuerza. Nuevamente echa el brazo derecho atrás, la tira metálica que sale de su músculo vuelve a iluminarse. Piensa romper la defensa por la fuerza bruta, pero enseguida se da cuenta de que algo anda mal. La mirada de Tigre asoma por encima de los guantes. Era como si esperase justo ese movimiento. Ya es demasiado tarde para hacer una finta. El Oso golpea violentamente el aire frente a él. Tigre ha vuelto a colarse por debajo y desplazarse al punto débil del Oso. Este no puede verle, tiene mermado el campo de visión. En cambio, todos los asistentes ven con asombro cómo varias rejillas del brazo biometálico de Tigre se abren para dejar escapar unas pequeñas nubes de vapor. El joven boxeador lanza un croché de izquierda que golpea con tal violencia la cabeza de su rival que este cae al suelo después de trastabillar. El público se pone en pie. El Oso ha caído de rodillas. Por primera vez ven al Oso postrado en la lona. Tigre se mantiene alejado. El árbitro acude rápidamente para confirmar si el boxeador puede continuar.

— ¡Eso es! —grita Eva dejándose llevar por la emoción. — ¡Así se hace!

—Algo anda mal —dice Simón.

— ¿De qué hablas? Casi le ha tumbado de un golpe. ¡Puede ganar!

— ¡Maldita sea! ¡Así que ese es su as en la manga! ¡Argh!

— ¿De qué hablas?

El Oso se levanta y el árbitro indica que prosiga el combate. El brazo izquierdo de Tigre cuelga del hombro. Solo puede levantar la guardia del derecho, así que adopta una defensa lateral por ese lado. Su oponente arremete enfurecido con golpes rápidos. Tigre apenas puede protegerse.

— ¿Pero por qué no se defiende bien? ¿Qué le pasa? —se preocupa Eva.

—Musculatura sintética antigua. Por eso tiene el brazo con la piel biometálica.

— ¿Qué?

Tigre sigue resistiendo a duras penas.

—La musculatura sintética de primera generación potencia la rapidez y la fuerza cuando llega a un punto óptimo de temperatura. Pero si se enfría de golpe deja el músculo inservible durante unos segundos. Por eso fracasó. Nadie lo usa.

— ¿Por eso no quiso que le limpiara con agua fría? ¡¿Y por qué tiene un implante así?! ¡¿En qué cabeza cabe ponerse eso si te deja vendido?!

El brazo de Tigre vuelve a responder y logra levantar la defensa justo a tiempo para devolver algunos golpes.

—Porque si lo sabes usar bien conviertes ese inconveniente en tu mejor baza. Con el implante neuronal se adelanta a los movimientos del enemigo, sobre todo a la apertura de su defensa. En ese momento abre las rejillas de ventilación de la piel biometálica y enfría el músculo rápidamente. Eso le confiere un repunte de fuerza solo durante un instante. Es como golpear con una piedra.

— ¿Y a qué espera para darle otro croché como ese? ¡Ataca, Tigre!

—El músculo necesita recuperar temperatura. Debe sobrecalentarse.

Tigre lleva a su rival por el cuadrilátero en círculos en el sentido de las agujas del reloj. Cambia su defensa a una clásica y sigue guardando las distancias. Al Oso no le cuesta mucho seguir llegando con jabs y directos débiles aprovechando su mayor altura y alcance.

—Le está buscando el punto débil todo el tiempo —dice Eva.

—Está esperando a que relaje otra vez el puño derecho. Antes le dio en las costillas justo para bajarle la guardia por ese lado. El Oso sabe que Tigre va a golpearle por allí, por eso se esfuerza en mantener el puño bien alto.

Tigre cambia rápidamente a la defensa peekaboo y entra a corta distancia para castigar las costillas del Oso. Este se protege con facilidad, manteniéndose en el sitio sin mover un pie. La sucesión de ataques termina con un croché de izquierda que impacta en el guante. Acto seguido Tigre da un paso atrás. El Oso baja la guardia y sonríe a modo de provocación. Sin embargo Tigre mantiene la calma. Sigue rodeando a su rival. En un momento dado el joven boxeador se para, también baja la guardia y se mantiene a cierta distancia. Ambos se observan con desconfianza y odio. El público sigue jaleando. El árbitro les avisa a ambos de que deben continuar el combate. Tigre toma la iniciativa y se lanza con varios golpes a las costillas. Todos impactan en los codos de su rival sin lograr hacer el daño deseado. Oso responde con un jab y un croché que obligan a Tigre a retroceder. Continúa con un directo y un gancho. Este último casi logra pillarle desprevenido, sin embargo consigue bloquearlo.

Los espectadores siguen gritando mientras los contendientes intercambian golpes a un ritmo más relajado. El Oso parece más calmado tras el golpe encajado y vuelve a llevar la iniciativa. Tigre solo puede protegerse esperando una oportunidad que no llega. Suena la campana que pone fin al segundo asalto. Los boxeadores regresan a sus esquinas.

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