La muerte rojo carmesí by C. Noemí Montañés Fernández

Imagen tomada de Pixabay

Aquel día se levantó Julia sin ganas de nada, con la pereza inflamada; se dirigió arrastrando sus zapatillas por el pasillo a la cocina con idea de hacer que el primer café tuviera efecto energizante, fue bastante en vano, porque tras su ingesta se sentía igual de tediosa y anémica de fuerzas.

Y de forma rutinaria, se vistió con su impecable traje beige que utilizaba  solo cuando se reunía con algún cliente importante, se arregló y  se  dirigió como cada mañana a la planta 17 del edificio Network Plant (anglicismo innecesario para nominar a una mole de hormigón toda recubierta de cristal azul) donde  ejercía de auditora de cuentas para una gran firma de esas pomposas y de estilo americano.

En el metro de camino al trabajo,  se quedó ensimismada en un cartel publicitario que en enormes letras góticas que decía «CARPE DIEM» y, aunque solo anunciaba un exótico viaje a Maldivas, ese mensaje la hipnotizó por completo. Se sentó en su despacho a repasar las cuestiones a tratar con el cliente, pero el carpe diem repiqueteaba sus neuronas de forma compulsiva, y tras comprobar que el cliente no había llegado a su cita, decidió en un ejercicio de aquí y hora; planear una escapada, así que se propuso un viaje de tres semanas a la otra punta del mundo.

Apuntó en su agenda, para el día siguiente, contactar con recursos humanos para reservar los días, sintió una liberación tremenda fantaseando con la escapada. Aun con ello el eslogan la seguía martilleando, y pensó en llamar a Arturo. Sería una sorpresa estupenda, le llamaría con su noto de «te añoro» y luego el viaje sería el reencuentro perfecto después de seis meses sin poder estar juntos. Tentó el móvil en el bolso, pero pensó, mejor hacerlo más tarde cuando estuviera en la oficina donde el ruido de la ciudad bajaba unos decibelios. Como poseída por el aquí y ahora, se decidió a no posponer más esas clases de salsa que le ayudarían a liberar estrés.

Ensimismada en sus planes, sonó el teléfono, era su secretario que la anunciaba la llegada de su cliente. Se levantó y se dirigió a la  Sala de Juntas donde toda la mañana estuvo reunida. Al terminar, con la cabeza colapsada, decidió bajar a comer algo y que el aire refrescara sus neuronas.

Salió del edificio y cruzó a la cafetería de enfrente donde compró un sándwich mixto para llevar y un café. Se dirigió a un pequeño parque que había a la vuelta de la manzana y,  con el sol de espalda, se dispuso a comer y a respirar.

Una vez terminado y con el afán de acabar la jornada más temprano de lo habitual, corrió a la oficina. Quería acercase a ver a su amiga Ángela, a la agencia, para empezar a planear su escapada.

Cruzó la calle y en ese momento sonó un mensaje en su móvil, se paró y saco el teléfono. Era un mensaje de Arturo, interesándose por su día. Primero pensó escribirle, pero luego se le antojó que necesitaba oír una voz amable y afectiva y le llamó, pero comunicaba. Caminó hasta la puerta giratoria de entrada al edificio, pero, en ese momento, en su móvil sonó el Starway to heaven (escalera hacia el cielo) de los Metallica, sonido que identificaba a Arturo. Se paró, sacó el teléfono, pero con el bullicio se hacía imposible la conversación, y le emplazó a una llamada en cuanto estuviera en su despacho.

Guardó el teléfono y, sin que le diera tiempo a moverse, se produjo un estruendo formidable: en pocos segundos, un enorme trozo de cristal caído desde el piso diez de su oficina impactó en su cabeza, provocando una hemorragia que automáticamente impregnó de sangre rojo carmesí su impecable traje beige. Cayó al suelo fulminada y un enorme carcho de sangre rodeó su cabeza, mientras que las personas que estaban  alrededor, impactadas por la escena, se repartían entre las que  gritaban y las que nerviosamente pedían ayuda al 112 por sus móviles.

Julia, en un estado de seminconsciente que la impedía sentir el dolor, oía lejanamente todo lo que ocurría a su alrededor. Y siendo consciente de que la vida se le escapaba aún más rápido que la sangre de su cabeza, pensó en todo lo que ya no haría, no viajaría a las antípodas, no podría decir ya ni un «te quiero» más a Arturo, no aprendería a bailar salsa. Y entonces, como una iluminación pre mortem, entendió que el carpe diem es el único momento que el propio tiempo no puede robar.

Y allí, tendida en suelo, su ahora le arrebató la vida tiñendo su eternidad de rojo carmesí.

C. Noemí Montañés Fernández

Carmen Noemí Montañés Fernández, nació una heladora noche de un 18 de

diciembre de 1969 en León. Licenciada en Derecho (Universidad de León, 1993).

Letrada ejerciente, que le hizo aterrizar en tierras hernandianas en el año 2000 y

que alimentó aún más —si cabe su querencia— por las letras en todas sus dimensiones.

Tras catorce años, donde el Mediterráneo fue su compañero inseparable de

aventuras y desventuras jurídico-vitales, un cálido 9 de julio de 2014 regresó al

terruño, reiniciando su vida profesional e iniciando una vida alternativa cultural

(la que, de hecho, le redime de la primera cada día) que hasta el día de hoy le ha

reportado encuentros y experiencias irrepetibles y fantásticas.

Nació en una familia ávida lectora, que le permitió desde siempre leer todo

aquello que caía en sus manos sin filtro, lo que le hizo una adicta a la lectura. Pero

a pesar de esa querencia absoluta por las historias ajenas, nunca se le ocurrió coger

pluma y papel hasta que, en uno de esos eventos que empezó a frecuentar, le

sugirieron que se iniciara en esto de contar. Y empezó con un cuento, y otro, y

otro y se sucedieron las historias. Y comenzaron las colaboraciones en ediciones

compartidas, y se sucedió el primero, aquel «24 Horas» inolvidable y detrás

«Cuento cuentos contigo» y, así, la escritura penetró en su vida y siguieron otras

colaboraciones, en Salud Mental, en el día de la Mujer con doña Concha Espina, doña Josefina Aldecoa y Maruja y Manolita López —sucesivamente 2018, 2019

y 2020 con motivo del Día de la mujer, y en la edición de 2019 de Poetas por

Ciudad Juárez—. Y entre medias, también participó en una obra coral de relatos

«Póker de Damas y un Comodín». La última publicación, también coral, es «De

lunas , mujeres y otras historias», publicada en 2020.

A día de hoy, cuando su agenda profesional se lo permite, participa en la

actividad cultural de esta ciudad hermosa que la vio nacer hace cincuenta años y

que le permitió iniciarse tardíamente en esto de las letras, a pesar de ser letrada

hace ya más de veintisiete años, y que como decía el sabio Fray Luis de León, le

permite huir del mundanal ruido.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Compartido en los 6000 lectores de masticadores/Face

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