El maridaje by C. Noemí Montañés Fernández

Imagen tomada de Pixabay

Sentado solo, en el rellano de acceso a la bodega, esa que con tanto primor construyó su padre, y de la que era él ahora el titular; contemplaba el ocaso sobre los escalonados viñedos. Los tonos anaranjados y violetas del atardecer pesaban sobre las viñas verdes, colmadas de uva ya dorada, que le daba a todo un tono crepuscular que le inquietó sin razón. Tomás cogió su copa de vino y recordó cuánto esfuerzo le había costado acopiar bodega y viñedos, en una guerra de esas, familiares, que por supuesto son siempre las más sangrantes. Respiró profundo afianzándose en la razón de su hacer más que discutible.

Se llevó la copa a la cara, olfateó como buen viticultor ese blanco impecable del 92, reservado para una ocasión tan especial como esta, y tomó un primer trago que degustó, con lentitud, saboreándolo. Le resultó un sabor curioso, la uva de siempre, pero con un fondo a almendra que le sorprendió. No tuvo tiempo de más, la copa cayó fulminantemente a la vez que Tomás. El cianuro maridado con el Godello acabó con su ambición y su vida. (Nunca debió pagar los estudios de etnología y química de su hermana).

C. Noemí Montañés Fernández

Carmen Noemí Montañés Fernández, nació una heladora noche de un 18 de

diciembre de 1969 en León. Licenciada en Derecho (Universidad de León, 1993).

Letrada ejerciente, que le hizo aterrizar en tierras hernandianas en el año 2000 y

que alimentó aún más —si cabe su querencia— por las letras en todas sus dimensiones.

Tras catorce años, donde el Mediterráneo fue su compañero inseparable de

aventuras y desventuras jurídico-vitales, un cálido 9 de julio de 2014 regresó al

terruño, reiniciando su vida profesional e iniciando una vida alternativa cultural

(la que, de hecho, le redime de la primera cada día) que hasta el día de hoy le ha

reportado encuentros y experiencias irrepetibles y fantásticas.

Nació en una familia ávida lectora, que le permitió desde siempre leer todo

aquello que caía en sus manos sin filtro, lo que le hizo una adicta a la lectura. Pero

a pesar de esa querencia absoluta por las historias ajenas, nunca se le ocurrió coger

pluma y papel hasta que, en uno de esos eventos que empezó a frecuentar, le

sugirieron que se iniciara en esto de contar. Y empezó con un cuento, y otro, y

otro y se sucedieron las historias. Y comenzaron las colaboraciones en ediciones

compartidas, y se sucedió el primero, aquel «24 Horas» inolvidable y detrás

«Cuento cuentos contigo» y, así, la escritura penetró en su vida y siguieron otras

colaboraciones, en Salud Mental, en el día de la Mujer con doña Concha Espina, doña Josefina Aldecoa y Maruja y Manolita López —sucesivamente 2018, 2019

y 2020 con motivo del Día de la mujer, y en la edición de 2019 de Poetas por

Ciudad Juárez—. Y entre medias, también participó en una obra coral de relatos

«Póker de Damas y un Comodín». La última publicación, también coral, es «De

lunas , mujeres y otras historias», publicada en 2020.

A día de hoy, cuando su agenda profesional se lo permite, participa en la

actividad cultural de esta ciudad hermosa que la vio nacer hace cincuenta años y

que le permitió iniciarse tardíamente en esto de las letras, a pesar de ser letrada

hace ya más de veintisiete años, y que como decía el sabio Fray Luis de León, le

permite huir del mundanal ruido.

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